Nutrición consciente: las emociones y la comida

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Maite Iglesias

Periodista, licenciada en Comunicación Social, Universidad Diego Portales.

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Nutrición consciente: las emociones y la comida

Las emociones juegan un papel fundamental al momento de comer, pero cuando la comida se convierte en la única herramienta de gestión emocional, lejos de ayudarnos a resolver el problema, nos genera otro adicional que podría derivar en desajustes alimentarios. Si eres de aquellos que buscan consuelo en un chocolate o que no pueden estar sin un buen banquete en alguna celebración, pues este artículo es para ti.

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Las emociones juegan un papel fundamental al momento de comer, pero cuando la comida se convierte en la única herramienta de gestión emocional, lejos de ayudarnos a resolver el problema, nos genera otro adicional que podría derivar en desajustes alimentarios. Si eres de aquellos que buscan consuelo en un chocolate o que no pueden estar sin un buen banquete en alguna celebración, pues este artículo es para ti.

 

¿Sabías que la alimentación, además de influir en nuestro desarrollo corporal, cognitivo e intelectual, influye también en nuestras emociones? Así es, gran parte de lo que nos pasa en la vida lo relacionamos con la comida; ejemplo de esto es que el acto de comer siempre ha estado unido a rituales, convirtiéndose en una forma de comunicación con los otros y en una de las más comunes expresiones de nuestra forma de entender la vida.

El comer emocional es un acto que todo ser humano realiza, pero que convertimos en algo perjudicial y dañino cuando hacemos de la ingesta nuestro mejor recurso para afrontar la vida; ya sea a modo de refugio, de calma o de evasión. La ansiedad, la tristeza, la soledad o la alegría son fuertes condicionantes para que algunas personas coman, incluso sin tener hambre. En estos casos, se pierde, relativamente, el control del comportamiento alimentario y, con frecuencia, aparece una alimentación inadecuada que suele tener consecuencias –como el aumento de peso– y que generan sentimientos de culpa y de tristeza, entrando en un círculo de malestar.

Seguramente al leer esto piensas en una relación negativa cuando escuchas el concepto de comer emocional: “estoy triste y me calmo con comida”, pero no siempre ocurre de esta manera. Si piensas en celebraciones y reuniones, también usamos la comida para disfrutar y celebrar estas emociones llamadas positivas. Debemos tener en cuenta que hay emociones que no tienen por qué ser positivas o negativas en sí mismas, pues depende de la valoración personal que cada uno le dé, como por ejemplo el aburrimiento, que también se asocia a un comer emocional.

Lo deseable es que el acto de comer esté vinculado siempre con el poder diferenciar las causas que te llevan a comer, establecer una conexión natural con las necesidades del organismo y ser capaces de identificar qué emociones o estados emocionales estamos sintiendo. “Por ejemplo, cuando estamos ansiosos hay que estar conscientes de que lo estamos y, a su vez, atender los mensajes que envía el cuerpo: comer cuando lo pide y los alimentos que resultan atractivos, pero vigilando que no se esté bajo el efecto de ninguna compulsión”, dice Catalina Aravena, psicóloga de la Universidad de Chile.

 

Recomendación:

Catalina Aravena nos aconseja realizar “un diario de nuestras comidas”, en el que no sólo anotemos lo que comemos, sino que también cómo nos sentimos antes y después, así como los pensamientos que nos acompañan.

“Al final, todos comemos emocionalmente cuando nos pasa algo y por eso es necesario conocer las características individuales que influyen en la relación con la comida, así como la cadena conductual y cognitiva que se asocia a la misma”, agrega la psicóloga.

 

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